domingo, 15 de junio de 2008

El huevo de la serpiente


Ficha técnica
Dirección
Ingmar Bergman
Producción
Dino De Laurentiis
Guión
Ingmar Bergman
Sonido
Karsten Ulrich
Montaje
Petra von Oelffen
Vestuario
Charlotte Flemming
Reparto
Liv UllmannDavid CarradineGert FröbeHeinz BennentJames WhitmoreGlynn TurmanGeorg HartmannEdith HeerdegenKyra MldeckFritz StrassnerHans QuestWolfgan WeiserPaula Braend
Datos y cifras
País(es)
Suecia
Año
1977
Género
Histórica
Duración
119 min
El huevo de la serpiente (Ormens ägg) es una película dirigida por Ingmar Bergman en 1977 y ambientada en el Berlín de los años 20.

Sinopsis [editar]
Berlín, noviembre de 1923. Abel Rosenberg llega a su pensión por la noche y se encuentra con que su hermano Max se ha matado de un tiro. Junto con la mujer de Max, Manuela, los tres hacían un número de trapecio en un circo.
Al día siguiente el inspector Bauer interroga a Abel sobre el suicidio. Por la noche Abel va a un cabarét donde se encuentra con Manuela y le cuenta lo de Max. Se encuentra con Hans Vergérus, un científico al que ha conocido de joven. Abel acompaña a Manuela a la casa. Manuela sostiene que trabaja en una oficina, pero Abel descubre que su lugar de trabajo es un burdel. Bauer lleva a Abel al depósito de cadáveres para identificar a una mujer. Abel pierde los estribos, pero lo sueltan cuando llega Manuela. Abel y Manuela pasan su primera noche juntos en un piso que les ha proporcionado Vergérus.
La pareja empieza a trabajar en una clínica que dirige Vergérus. Abel en el archivo, Manuela en la lavandería. En los clasificadores del archivo hay testimonios de los experimentos con personas que lleva a cabo Vergérus. Abel encuentra a Manuela muerta en la cama. Movido por la rabia y el dolor rompe un espejo, lo que deja al descubierto una cámara oculta. Cuando llega Bauer con sus hombres, Vergérus se suicida con una cápsula de veneno.
Abel se despierta en un calabozo. Ba Rodríuer le ofrece un salvoconducto para Suiza y llevarlo al circo en el que ha trabajado antes. Camino a la estación del ferrocarril, Abel se escapa de su guardián. Desaparece entre la multitud.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/El_huevo_de_la_serpiente"
Critica de Aaron Rodríguez
"El huevo de la serpiente" habla del miedo, del nazismo, de la diferencia... pero sólo es una excusa para llenar las salas. En realidad esta película (como casi todo Bergman bien entendido) no es sino un canto a la soledad del corredor de fondo, a los pasillos vacíos, a los matrimonios que ya no tienen nada que decirse. Bergman es silencio, y sin embargo, en esta cinta apunta algo que quizá no aparezca en otras de sus producciones.
La posibilidad de evitar el fracaso.
La breve posibilidad, efímera (y condenada al fracaso) que durante un instante de nuestras vidas se nos otorga para comprender que vamos a dar el paso en falso. Bergman nos habla de la soledad, como siempre, pero quizá durante un segundo...
Quizá durante un segundo se traiciona a sí mismo, casi sin darse cuenta, utilizando luego el título de la cinta para descubrir ante nosotros la parábola imposible del subtexto. En el debate final (¡magnífico!) entre David Carradine y el médico chiflado, queda de relieve el gran error que comete el médico, esto es, el gran error que cometió la historia: observar que la ascensión de Hitler al poder era un hecho inminente y sin embargo, creer que jamás podría tener lugar. El médico utiliza la siguiente metáfora: el primer nazismo no es sino las sombras de una serpiente proyectándose en su huevo, la breve silueta de la locura deslizándose entre la superficie del cascarón.
Quizá (hete aquí mi apuesta, basada como siempre en lo personal) lo único que Bergman nos quiso decir es que nuestra particular tormenta sentimental, los celos, los errores, las noches sin dormir y los gritos no son sino las sombras sobre el cascarón de una serpiente mucho más terrorífica: el aislamiento sentimental. El fracaso de los protagonistas de "Secretos de un matrimonio" y "Pasión" (con Ullman en ambos casos) es el punto más extremo de lo que se avecina en "Un verano con Mónica" o "Juegos de verano". Después de todo, puede que el mejor Bergman sea aquel tan humano que refleje nuestra propia miseria... como en un espejo.