miércoles, 2 de junio de 2010

Marco Negrón // Gran Café

Sabana Grande estaba herida de muerte desde que el chavismo abrió las puertas al comercio informal
La noticia publicada en días pasados por los periódicos era en sí misma banal: con el argumento (falso) de que estaban abandonadas y obstaculizaban las obras de remodelación del sector, la policía del Municipio Libertador decomisó mesas y sillas de la terraza de un café de Sabana Grande, exigiendo a quienes alegaron ser sus propietarios presentar pruebas para devolverlas. Aunque todo parece configurar un flagrante atropello trátese de quien se trate, ocurre que él se comete precisamente contra el Gran Café, uno de los locales emblemáticos de Sabana Grande y que contribuyó a que en otros tiempos este fuera uno de los espacios públicos más interesantes de América Latina.

Con más de cincuenta años operando en el sector, el esmero puesto por sus propietarios en crear un ambiente grato y acogedor y su apertura hacia el exterior hizo que el Gran Café marcara un cambio significativo en la vida de la ciudad, mérito que ha mantenido pese a los cambios de propiedad y a los altibajos del sector: no sólo resistieron al prolongado tsunami de la invasión buhoneril, sino que incluso, en medio de él, tuvieron la audacia de emprender una notable labor de remozamiento y modernización del local; sobrevivieron incluso, si la memoria no me traiciona, al asesinato de uno de sus propietarios a manos del hampa.

Por supuesto, como espacio público Sabana Grande ya estaba herida de muerte desde que la voracidad electoral del chavismo abrió las compuertas a la invasión del comercio informal hace casi diez años: como lo hemos dicho en otras ocasiones, si bien es muy importante, la calidad del espacio público no depende únicamente de la infraestructura física sino sobre todo de una atmósfera cultural que, una vez alterada, no se restablece fácilmente. Muchos indicios, incluida la forma en que la policía de Jorge Rodríguez arremetió contra el Gran Café y otros locales similares, alimentan nuestra sospecha de que, más allá de la buena voluntad de los promotores y proyectistas de la remodelación, Sabana Grande no volverá a ser lo que fue. Al menos no volverá a serlo mientras carguemos sobre nuestras espaldas la peste del socialismo del siglo XXI, puertas adentro arrellanado en el lujo y el disfrute del último gadget inventado por el odioso capitalismo, puertas afuera predicando las virtudes del conuco y la pobreza (ajena).

macking@cantv.net